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SE ESCUCHA FELIZ, ES BONITO OIRLES REIR…

Estos días ando analizando un tema y es la desolación más desoladora que existe en mi pueblo Hassilabied durante el mes de ramadán. No lo recordaba así de otros años, aunque hace varios que no lo paso aquí y la diferencia creo que viene dada porque estoy sola y todas mis amigas españolas, hace tiempo que se fueron a España.
Como ya sabéis, estamos de ramadán y eso implica que todo lleve otro ritmo al margen del existente por estos lares, que ya es tranquilo como algo natural.

Pues bien, esas películas del lejano oeste a lo Jonh Wayne con Sherif de estrella brillante en el pecho poniendo orden y encerrando malos, parece que se hayan apoderado de la zona. Sólo falta que aparezca rodando la bola de paja y rastrojos movida por el viento en unas calles sin asfaltar levantando polvo a cada paso. Tal cual, así es mi pueblo estos días.
No hay nadie literalmente por el pueblo, o sí, pero están todos en sus casas descansando.

Hasta aquí, me parece algo normal, ya que durante ramadán la gente “vive” de noche o al menos, evitando las máximas horas del día despiertos y por supuesto en la menor actividad posible.
Las mujeres no van al horno de pan como cada mañana, ni se escuchan las ollas express con la válvula soltando zumbidos en cada casa sshshsssss, ni los niños hablan-rien-lloran-juegan… Nada, absolutamente nada de nada.
Tan solo algún señor por la calle, tan sólo algún pequeño por ahí, tan sólo algún coche… tan sólo una tienda abierta y no todo el día. Ni siquiera los restaurantes de Hamid y Mustapha abren, pero es que no abren ni por la noche!!!

Es muy desolador. Me siento la única humana viviente o superviviente en medio de un pueblo abandonado.

A eso de las 17.30h en adelante, ya se empieza a ver el jaleo habitual, ya empieza a oler a comidita rica, ya se oyen personas hablar, niños correr…
A mi vecino y casero Assou le escucho cada día hablar y reírse con su pequeño de apenas año y medio, incluso muchos días se sienta en el poyete de mi puerta que él mismo construyó y mientras Amina prepara la comida, Assou se encarga del bebé. Se escucha feliz, es bonito oírles reir.

Cuando faltan pocos minutos para el desayuno, todo se empieza a mover rápido. Lo poco que pueda haber abierto, cierra sus puertas sin perdón ni excepción, la gente que haya por la calle se apresura a llegar a casa y prepararse para hincarle el diente a algo.
Todo vuelve al silencio, todo languidece por momentos de nuevo pero con otra energía.
El estómago está disfrutando cada gota de leche, cada trozo de dátil, chebakía o huevo cocido, cada trago de harira que lentamente beben a sorbos pausados, se disfruta bien. Se siente a través de las paredes de mi casa, al otro lado del tabique, esa felicidad de haber llegado un día más, por fin, al desayuno en el final del ayuno tan esperado.

Llaman desde la mezquita, “Allah L´Kbir”, se escucha repetitivamente y con firmeza. Muchos van, muchos no van, algunos rezan en la calle mirando hacia las dunas que como una brújula, marca el este. Comienza un ir y venir de gente, se escucha jaleo.

Salgo a la calle esperando ver mucha gente y observo como, muy a mi pesar, sigue el pueblo algo abandonado a merced de la poca energía existente en el ambiente.
Mustapha y Hamid siguen sin abrir sus locales, Aunque Mustapha abrió el otro día y por el contrario Hamid se está pegando unas merecidas vacaciones de “Padre y muy señor mío”.
Las tiendas de la plaza sí que abren, pero tampoco todas y con poco ánimo…no encuentro más que una cafetería al lado del mecánico que, este a su vez, también cierra de día dándole el alta voluntaria a sus pacientes de cuatro ruedas, sea grave o no la reparación.

Hoy casualmente cerca de las 12.00h, si me encontré un par de tiendas de comestibles abiertas, un no parar de djlabas blancas que se acercaban lenta y vagamente a la mezquita. Y es que claro, hoy es viernes, día de rezo y aunque cada día van a rezar, hoy es más larga y contundente la oración.
Digo yo que ahí dentro de la mezquita y en esta fecha, en lugar de decir que Allah es grande, deberían autoanimarse diciendo “Ana Kbir”,(yo soy grande), porque más grandes que ellxs en este momento no hay nadie!!!
Ya faltan pocos días para terminar el mes de ayuno, están en la recta final. Apenas falta un tercio del mes que cada día tachan en sus calendarios apresuradamente, pensando que así llegará más pronto el final. De ilusión también se vive.

Y yo por aquello de entretenerme, mientras todos descansaban esperando la hora, estuve colocando la mosquitera nueva en la ventana de mi habitación que da a la calle. Se veía roñosa y agujereada por el uso y aunque, lo reconozco, compré la tela metálica hace un par de meses, nunca encontré el momento de ponerla y siempre me crucé con una gran vaguería que me impedía colocarla, es así de cierto y no podía hacer otra cosa!!!

Y el día elegido fue hoy, mal día sin duda alguna. No tenía clavitos para cogerla a la pared, así que le puse unos cuántas chinchetas esperando que aguantasen hasta la tarde, momento en que fui al hanout de la puerta verde cerca de mi casa.
Aquí venden casi de todo, desde bolas (bombillas), pintura y recargas de teléfono a bolígrafos, alambre y cámaras de bici, es como una ferretería con extras. No tenían puntillas de un tamaño razonable y me decían que me llevase unas de 20cm, enormes y muy aptas para volver a agujerear la mosquitera!!!!
No me apeteció ir hasta la plaza a la otra tienda…mañana será otro día para ir a buscar las famosas puntillas, desolador, abandonado, en silencio y envuelto por un calor agotador aunque no sea el calor de otros años, menos mal!!!

Empieza la cuenta atrás, cada día es un día menos de este ayuno que deja a todos sin energía… pero se escucha feliz, es bonito oírles reir cada tarde

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